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    Cómo Cuidar un Bonsai
    (11 consejos que funcionan)
    ¿Te han regalado un bonsái? ¿Tienes dudas sobra cómo cuidar y cultivar el bonsái? ¿Eres un experto pero te cuesta controlar las plagas en los bonsáis?

    Los cuidados que se deben dar a un bonsái dependen en gran medida de la especie de árbol que tengamos, pero hay unos mínimos básicos comunes a todos ellos. Que un bonsái esté bien cuidado significa que todas sus necesidades van a estar cubiertas para que luzca perfecto. Con esta breve guía sabrás lo imprescindible para que tu árbol esté sano

    En primer lugar debes saber que los bonsáis se originaron hace unos 2000 años en la China imperial y representaban paisajes agrestes a escala reducida. Sin embargo, lo que conocemos hoy como bonsái es la copia que hicieron los japoneses en el periodo Kamakura, hace unos 750 años, momento en el que empezaron a cultivar los árboles individualmente en pequeñas macetas; de ahí su nombre: bon-sai, plantado en maceta.

    Ubicación de los bonsáis

    Lo primero que hay que tener claro cuando empiezas a cuidar un bonsái es el lugar donde lo vas a situar.

    Aunque hay cosas a tener en cuenta como la iluminación del lugar, la exposición al sol o la época del año en que nos encontremos, lo más importante para escoger un buen emplazamiento es saber a qué especie pertenece nuestro bonsái. La documentación de cada árbol nos permite conocer las diferentes especies con las que podemos trabajar y sus necesidades de cultivo.

    En general, los bonsáis se trata de plantas que deben estar situadas en el exterior. Al fin y al cabo son especies arbóreas. Por ello, piensa un sitio donde esté resguardado de los vientos, con buena iluminación pero evitando el sol directo durante las horas más calurosas.

    Los bonsáis que sean especies tropicales o no crezcan en nuestras latitudes sí que deben estar en lugares con temperatura constante. Ubícalos dentro de la casa en un lugar con buena luz difusa y sin excesivo calor evitando los radiadores.

    Como regla general, nuestras plantas deben situarse a pleno sol en la primera mitad del día y en una localización que se encuentre a resguardo del viento.

    El riego del bonsái
    El riego es fundamental: con él se disuelven los elementos que hay en el sustrato y de este modo, la planta los puede absorber. Lo principal es estar atentos al follaje del árbol y a la humedad de la tierra.

    Riega tu bonsái con agua de lluvia cuando la tierra se encuentre ligeramente seca, si aún está algo húmeda espera un tiempo. Es mejor así, ya que las raíces son muy sensibles al encharcamiento y pueden pudrirse por falta de oxigenación. Ten en cuenta que el exceso o el defecto de agua produce desordenes o enfermedades en las plantas.

    Por ello, nunca riegues tus árboles rutinariamente. Usa tus dedos para detectar el grado de humedad en la superficie del sustrato. Con un poco de experiencia serás capaz de notarlo con una simple ojeada.

    Cómo regar un bonsái
    Lo ideal es utilizar una regadera que tenga agujeros finos o con una lanza de riego lo más larga posible. Riega hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje y mojando las hojas. Hazlo en dos tiempos para asegurarte que la tierra se empapa completamente y comprueba que la temperatura del agua sea lo más cercana a la temperatura ambiente procurando regar con agua de calidad, libre de cloro y de cal.

    En invierno trata de regar en las horas centrales del día, cuando hace algo más de calor, así evitarás que el agua que sobre se congele en el recipiente. Sin embargo, durante el verano, riega por la mañana o por la tarde cuando ya ha caído el sol, así prevendrás el contraste térmico en las raíces que puedan perjudicarlas.

    Plagas más habituales de los bonsáis
    1 Pulgones

    Se trata de bichos muy pequeños que pueden ser de varios tipos: pulgones verdes, negros, naranjas, marrones, aunque los más comunes son los verdes. Son pequeños insectos chupadores que atacan a los brotes nuevos de las plantas.

    Lo normal es que la plaga de pulgones comience al principio de la primavera hasta que empieza el frio del otoño. Se reproducen muy rápidamente y en poco tiempo forman colonias muy grandes en los brotes más nuevos.

    Su modo de alimentarse es a través de la sabia, impidiendo el desarrollo normal de la planta. En ocasiones su saliva produce el enrollamiento y la deformación de las hojas que parasitan. Al alimentarse expulsan melaza, una sustancia muy atrayente para las hormigas que actúan como pastores, cuidando a estos pulgones.

    El principal daño de los pulgones es debilitar a la planta, seguido por los daños indirectos. El primero de los daños indirectos se produce al expulsar la melaza donde se desarrolla un hongo negro denominado fumagina que ataca las hojas, disminuyendo la fotosíntesis y debilitando la planta. El segundo daño y el más grave es la transmisión de virus, los pulgones viajan de unas plantas a otras por lo que puede infectar nuestras plantas.

    La solución a los pulgones es tratar en preventivo si se sabe que la planta es proclive a esta plaga o en el momento en que aparezcan los primeros individuos para que la plaga no sea un problema. Aplica HTpro White, un bio-protector vivo basado en el humus de lombriz que contiene un conjunto de microorganismos que refuerzan las defensas de la planta y termina por reducir la incidencia de la plaga.